viernes, 25 de febrero de 2011

LA BATALLA DE BREITENFELD 17 septiembre 1631


BATALLA DE BREITENFELD

Bandera del Imperio Español durante Felipe II.svg
17 de septiembre de 1631
PRESENTACION
El 17 de septiembre de 1631 entre las ciudades de Leipzig y Magdeburgo en la Alemania más profunda, tendría lugar una batalla que daría comienzo al declive del imperio español, de su forma de combatir y de sus unidades más aguerridas en los campos de Europa, y todo ello gracias a la nueva concepción del ejercito que llevó a cabo el rey Gustavo Adolfo de Suecia, que según la mayoría de los historiadores daría paso a todas las batallas de la era moderna.
ANTECEDENTES Y PRELUDIO
Gustavo Adolfo subió al trono de Suecia en el año 1611 con apenas 17 años, pero desde esa tierna edad fue versado en el arte de la guerra de una forma crítica y practica, por este motivo y con todas las conclusiones a las que había llegado no tardó en levantar un nuevo ejército diferente a todos los existentes en Europa en aquella época.
En 1630 y tras doce años de guerras religiosas, acumulando derrotas la causa protestante, Gustavo Adolfo pensó que Suecia estaba amenazada puesto que los combates ya se extendían hasta el Báltico.
Así se colocó al frente de su excelente ejercito, un ejército bien armado, entrenado y pertrechado, con una movilidad pasmosa para la época, y lo que es más importante, un ejército nacional, formado por soldados suecos y no por mercenarios y reclutas muchas veces movilizados casi a la fuerza en estados satélites aliados o asociados, de diferente calidad movilidad armamento y sobre todo resistencia en el combate como se demostrará mas tarde.
El 6 de julio de 1630 los suecos establecieron una cabeza de puente en Usedom, en la región de Pomerania, al norte de Alemania, entonces dividida en varios principados regidos por príncipes electores, estos, no veían con buenos ojos el ejercito de 36.000 hombres que sus vecinos suecos habían emplazado en su territorio a pesar de la amenaza de los 40.000 hombres de la liga católica que bajo el mando del afamado Tilly amenazaba todos los territorios protestantes de la zona. Por lo que tomaron la decisión de no permitir a Gustavo Adolfo atravesar sus territorios en auxilio de la ciudad de Magdeburgo, que sucumbió el 20 de Mayo de 1631. Pero tras la toma vino el pillaje y el saqueo que concluyó con la terrorífica cifra de mas de20.000 muertos, este hecho acabó con la apatía de muchos príncipes protestantes que engrosaron la causa sueca.
Aun dudaba de tomar partido el príncipe elector de el estado de Sajonia cuando el ejercito de Tilly giro hacia el sur tomando la dirección de la importante ciudad de Leipzig.
Este acto empujo a Sajonia a unir fuerzas con el ejercito Sueco, poniéndose a su entera disposición, uniéndose los dos ejércitos a 24 KM al sur de la ciudad para socorrerla.

EL DESPLIEGUE
El 17 de septiembre la niebla cubría los campos de la llanura de Breitenfeld. Tilly viejo conocedor de la estrategia, colocó sus tropas a la tradicional forma española, con los pesados tercios en el centro y la caballería a los flancos, a lo largo de una colina, pero el innovador Rey de Suecia coloco sus tropas de una manera nueva y original. Coloco en el centro cuatro brigadas de infantería, apoyadas en retaguardia por dos más y un regimiento de caballería. Tres brigadas  y dos regimientos de caballería estaban en reserva, en el flanco derecho alternaban caballeros y mosqueteros con un regimiento de caballería de apoyo y cuatro escuadrones de reserva a la izquierda estaban tres regimientos de caballería con dos secciones de mosqueteros y dos regimientos de reserva y mas a la izquierda estaba el contingente sajón. Cada regimiento contaba con una batería de cañones ligeros y la artillería pesada se colocó en batería en una posición algo más adelantada en el centro del dispositivo.
LA BATALLA
La batalla comenzó con un nutrido duelo artillero, donde la superioridad de la potencia de fuego de los suecos y sus devastadoras andanadas hizo cargar sin recibir la orden a la caballería del flanco izquierdo católico, al mando del conde Pappemheim. Por siete veces realizaron la maniobra conocida como la caracola bajo el devastador fuego de los mosquetes suecos, sin ningún resultado terminaronel último en una huida en desorden.
En el flanco derecho de Tilly la caballería cargó también sin recibir la orden pero para sorpresa de todos, los sajones que cubrían el flanco izquierdo del ala sueca se desbandaron, dejándolo expuesto.
Tilly malhumorado con su indisciplinado ejercito, por fin dio la orden de avanzar ordenando a sus lentos tercios a hacer una maniobra de tenaza sobre el flanco expuesto, a la par que su caballería realizaba un amplio movimiento de flanqueo para tomar la retaguardia del enemigo.
Pero Gustavo Adolfo era capaz de modificar rápidamente sus líneas con sus agiles brigadas y plantar frente a las fuerzas envolventes con una barrera homogénea de fuego para repelerlas, como así sucedió desplazando hacia este sector a las brigadas en reserva
Como los hombres de Tilly se replegaban bajo un nutrido fuego de mosquetería y de las piezas ligeras ordeno a la caballería del flanco derecho que no corriera peligro alguno evitando así exponerla al nutrido fuego amigo, y que realizase una maniobra por detrás de sus líneas cargando sobre el desbandado flanco izquierdo enemigo que había dejado expuesto todo el dispositivo central del ejercito católico.
En el avance hacia las lineas enemigas los aguerridos pero lentos tercios, avanzaron aguantando el mortífero  fuego enemigo y la maniobra de envolvimiento sueca pero llegado el momento del asalto final se enfrentaron a algo que jamás habían afrontado, una salva cerrada de mosquetería y artillería a corta distancia.
Durante un rato los tercios españoles aguantaron esta mortífera lluvia de proyectiles en masa para más tarde deshacerse sus formaciones y huir perseguidos por la caballería de reserva mandada y a cuyo frente iba el mismísimo rey sueco.
CONCLUSIONES
La victoria de breitenfeld marcó un punto de inflexión en la guerra de los 30 años. Gustavo Adolfo se convirtió en el paladín de la causa protestante, Suecia se convirtió en una de las grandes potencias europeas dominando en poco tiempo todo el nordeste de Alemania. Richelié quedo contrariado pues esperaba que esta victoria devolviera el equilibrio en Europa y no que destruyera la causa imperial. pero tres meses más tarde los suecos se vieron obligados a atrincherarse en Sajonia perdiendo en la batalla de Lutzen a su rey. Dos años más tarde fueron derrotados en la batalla de Nordlinguen, viéndose obligada Francia a entrar en la guerra para evitar una nueva era de hegemonía española a  alargando así el conflicto otros 14 años

lunes, 7 de febrero de 2011

LA BATALLA DE TABLADA (los vikingos atacan Sevilla)

A finales de agosto del 844 una flota de ochenta naves fue avistada en las costas de al Andalus. Se trataba de los Nordumâni, los temibles vikingos. Dos meses más tarde, Sevilla ardía en su fuego, sus habitantes eran pasados a cuchillo, violados y convertidos en esclavos.

La pregunta que todos se hicieron. ¿Quiénes eran los vikingos?

Estos temibles guerreros que llegaron por mar, eran un grupo étnico originario de Escandinavia. A su denominación más conocida se unían también las de Varegos, Rus o Norses. No obstante, la definición vikingos proviene del vocablo «Wik» -posteriormente cambiado a Vik-, que significa «saqueo» así pues la palabra wiking se podría traducir como hoy shopping, es decir "ir de saqueo".
Sus ataques y aparición en la escena política europea, ya que hasta entonces no se tenía conocimiento de ellos, dieron inicio en el año 793 con el saqueo del monasterio de Lindisfarne. A partir de ese periodo sus incursiones fueron frecuentes y llegaron a ocupar amplias zonas en Inglaterra, Irlanda y Francia, donde el rey franco entregó el feudo de Normandía a un caudillo vikingo a fin de que mantuviese alejados de sus costas a otros grupos de la misma etnia. Este gesto a priori pareció una gran idea pero años mas tarde desembocaría en la batalla de hastings y en la guerra de los cien añosej erciendo  una gran influencia en la historia europea.

En torno al año 1000 intentaron asentarse también en Norteamérica en las costas del labrador, lo que ellos denominaron Vindland (tierra del vino). Teniendo en cuenta que en la zona no existían uvas, cuando toparon con tierra firme seguramente lo celebrarían con una gran fiesta.


A finales del año 229 de la hégira (agosto del 844), en las costas occidentales de al Andalus cincuenta y cuatro velas blancas fueron avistadas en el mar enfrente de la ciudad musulmana de Lisboa. Se trataba de los al-Urdumâniyyun, o Nordumâni. Los normandos, piratas vikingos de los que los andalusíes conocían historias, a través de los cristianos norteños y de los comerciantes, aparecían por primera vez ante sus ojos. Habían escuchado relatos que hablaban de ataques despiadados, muertes brutales, y un rastro de sangre a su paso, pero hasta entonces para todos ellos se trataba de cuentos que circulaban de boca en boca. Sin embargo, ahora la realidad se abría paso en Lisboa, donde una de sus escuadras se desplegaba en el puerto dispuesta al combate.

Los cronistas árabes que recogen el más terrible ataque normando contra al Andalus mencionan que el número de sus barcos rondaba los ochenta, de los que cincuenta y cuatro eran de grandes dimensiones y los otros restantes más ligeros. Conocedor de su mala fama, el gobernador de Lisboa, Ibn Hazm, luchó con ellos bravamente, rechazándole después de varios días de encarnizados choques. Apenas las velas desaparecieron en el horizonte, en dirección al sur, Ibn Hazm escribió una carta al emir de Córdoba ‘Abd al­Rahmân, en la que le informaba de estos sucesos y le advertía de la próxima aparición de las bestias del norte, si eran ciertas sus noticias y se disponían a golpear el sur.

En efecto, pasadas catorce noches del mes de Muharram del año 230 de la hégira (finales de septiembre de 844), los vikingos ya se habían apoderado de Qabpil, la Isla Menor, en Cádiz, y remontaban el Guadalquivir dispuestos a saquear y destruir Sevilla y aun la mismísima capital de al Andalus si sus fuerzas se lo permitían. Cuatro naves se separaron de la flota principal, para inspeccionar el territorio hasta la localidad de Coria del Río, donde desembarcaron y dieron muerte a todos sus habitantes a fin de impedir que tuvieran tiempo de advertir a los suyos. El camino hacia su fortuna estaba libre.




Apenas transcurridas tres jornadas desde su desembarco, los normandos decidieron remontar por fin el Guadalquivir hacia Sevilla, conocedores de las riquezas que era fama se albergaban en esta ciudad. Para entonces sus habitantes se disponían a la defensa solos, sin un caudillo militar claro que guiase su ejército, pues el gobernador de la ciudad les había abandonado a su suerte, huyendo a Carmona. Los musulmanes se encontraban, por tanto, a merced del peor de los enemigos.

Advertidos de esta deserción y de la escasa preparación militar de quienes se habían quedado a resistir su ataque, los hombres del norte marcharon con sus naves hasta los arrabales de la ciudad. Desde ellas, aprovechando su ventaja, dispararon sucesivas tandas de flechas contra los sevillanos, hasta romper su cohesión y provocarles el mayor desconcierto y miedo. Conseguido su propósito, abandonaron las embarcaciones para luchar cuerpo a cuerpo con ellos, seguros de su victoria.

La matanza y el saqueo duraron unos siete días. Una semana en la que los más fuertes huyeron, escapando cada uno por su lado, y los más débiles cayeron en las garras de los vikingos. Mujeres, niños y ancianos desvalidos fueron pasados a cuchillo y violados. A algunos de ellos se les perdonó la vida, aunque su destino era también estremecedor: la esclavitud. Sin respetar siquiera lo más sagrado, cargados con el botín y los prisioneros, regresaron a sus naves para volver al seguro campamento de Qabpîl.

No contentos, volvieron a Sevilla en una segunda ocasión, esperando aumentar el número de cautivos entre los desafortunados que regresaran a sus hogares al considerar que los ataques habían cesado. No encontraron más población que un puñado de viejos, que se habían reunido en una mezquita para rezar por los suyos y hacerse fuertes. De nada sirvieron sus oraciones: los normandos tomaron a la fuerza el lugar santo y su sangre bendijo la tierra de aquel lugar que, a partir de entonces, pasó a llamarse “la Mezquita de los Mártires”. Durante casi dos meses camparon totalmente a su antojo, desolando y sembrando el pánico entre los andalusíes. Hasta que, en noviembre, el emir ‘Abd al­Rahmán consiguió movilizar un ejército lo suficientemente fuerte para plantarles cara. Parte de esta tropa, al mando de Ibn Rustum y otros generales, pronto alcanzó la comarca del Aljarafe sevillano, donde en un fustigamiento conjunto de caballería e infantería, consiguieron desconcertar plenamente a sus enemigos. Coordinaba los esfuerzos musulmanes Nasr, favorito del príncipe omeya, que daría su nombre a la dinastía de los Nazaríes, quien dispuso una emboscada para terminar de una vez por todas con aquella amenaza.



Mientras algunos de los soldados provocaban con sus escaramuzas a los vikingos en los alrededores de la ciudad, el grueso del ejército andalusí esperaba a que aquellos valientes atrajeran a los normandos a un lugar llamado Tablada, al sur de Sevilla, donde hasta hace poco hubo un aeropuerto militar. Confiados en su notable superioridad numérica y como guerreros, los hombres del norte mordieron el anzuelo y descendieron con sus naves el río Guadalquivir en persecución de aquellos que habían osado provocarles. Al llegar a la aldea de Tejada desembarcaron y el cielo se abatió sobre ellos.

Allí les aguardaba emboscado Ibn Rustum, con el grueso de sus soldados. Apenas los normandos superaron su posición y le ofrecieron la espalda, les salió al encuentro mientras los perseguidos musulmanes detenían su huida para encararse con sus perseguidores. Atrapados entre dos fuegos, los vikingos no pudieron sino luchar por sus propias vidas contra hombres que buscaban venganza por la sangre de los suyos.

Aquella atroz derrota les supuso la mayor de las humillaciones que hasta entonces habían recibido. Sobre el campo de batalla quedaron más de mil cadáveres de normandos, y cerca de cuatrocientos fueron capturados para escarnio de todos. Mientras los supervivientes escapaban profundamente aterrorizados hacia sus naves, abandonando más de treinta embarcaciones en la huida, Ibn Rustum ordenó la decapitación ejemplar de los prisioneros supervivientes a la vista de sus camaradas. El fuego acabó sobre el Guadalquivir con las naves vacías mientras algunas de las cabezas cortadas eran enviadas al emir ‘Abd al-Rahmân y otras, clavadas en picas o en palmeras, permitieron saber a los sevillanos que su sufrimiento había llegado a su fin, que los asesinos de sus seres más queridos ahora les miraban desde las cuencas de sus ojos vacíos.

Ibn Rustum fue premiado, Nasr, favorito del príncipe, encumbrado a lo más alto. Se compusieron poemas en loor de aquella victoria sin igual.

El recuerdo de aquel oscuro episodio no terminó aquí. Las murallas de Sevilla fueron reforzadas y fortificadas, se repararon los daños causados por los normandos en las mezquitas, los baños y las casas. El puñado de hombres del norte que consiguió salvar la vida y escapó por tierra hasta Carmona y Morón, fue arrinconado por Ibn Rustum, que les forzó a rendirse y consiguió su conversión al Islam. Asentados en el valle del Guadalquivir, es fama que se especializaron en la cría de ganado y en la producción de leche y sus derivados y que sus quesos se convirtieron en más que famosos en aquellos tiempos. Años después, en el 859, Sevilla volvió a sufrir un nuevo ataque, que terminó con el incendio de la mezquita de Ibn ‘Addabâs (actual iglesia de San Salvador). La respuesta del emir de al Andalus fue dura y contundente: durante esos mismos años había ordenado la construcción de una flota de guerra capaz de frenar aquella amenaza y no dudaría en enfrentarla con los mejores marinos del Islam a quien se atreviera a atacar Sevilla. Cuentan las crónicas que juró arrasar sus bases y sus tierras del norte si osaban volver a derramar la sangre de un solo andalusí. Aquella advertencia parece que sí caló en el ánimo de los vikingos, pues durante largos años no se documentaron más strandhógg, como llamaban en su lengua a estas campañas de saqueo.

Mientras, al Andalus se poblaba de atalayas y fortalezas en la costa para vigilar el mar y los hijos de aquellos hombres del norte pasaban a engrosar las filas de los servidores de los Omeyas como soldados de élite destinados a proteger al príncipe. Tales medidas consiguieron su fruto, ya que los musulmanes hispanos lograron rechazar los ataques de los vikingos durante el siglo X.

Y al mismo tiempo que los grandes cronistas recogían estos éxitos de las armas musulmanas de Hispania, del valor de los sevillanos, el recuerdo de la derrota quedó en el fondo histórico de la nórdica saga de Ragnar y en el silencio de las restantes fuentes normandas.




domingo, 6 de febrero de 2011

La Batalla de Fleurus

29/08/1622   Victoria Española (táctica)


Comandante: Conde von Mansfeld
Infantería: 5 000 – 6 000 hombres
Caballería: 4 000 – 5 000* hombres
Artillería: 11 piezas

Perdidas: 5 000 – 7 000 hombres
Comandante: Gonzalo Fernández de Córdoba
Infantería: 6 000 hombres
Caballería: 2 200 – 2 400 hombres
Artillería: ?? piezas

Perdidas < 1 000 hombres

La batalla de Fleurus del 29 de agosto de 1622 fue una lucha entre el ejército de España y las potencias protestantes del Sacro Imperio durante la Guerra de los Treinta Años. La sangrienta batalla destrozó las fuerzas protestantes y dejó a los españoles como señores absolutos de aquellas tierras.
Situación Estratégica: Después de dos años de desilusión, el elector del Palatino, Frédérick V recibe apoyo financiero de los estados protestantes y decide reconquistar su territorio del Palatino. Al principio de la primavera de 1622, los protestante organizan tres ejércitos al mando del Conde Mansfeld, Christian de Brunswick y del Margrave de Baden-Durlach, que totalizaban unos 40 000 – 50 000 hombres. Los católicos no se quedan atras y ponen en campaña dos ejércitos, la primera de la liga católica al mando del Conde de Tilly y otra española, al mando de Gonzalo de Córdoba. Entre abril y junio 1622, los católicos y protestante se enfrentan varias veces (Wiesloch, Mingolsheim, Wimpfen y Hoechst) en la zona del valle del Rhin culminando en la dispersión o destrucción de los ejércitos protestante. Después del fracaso en intentar liberar Heidelberg, asediada por el ejército del Conde Tilly, Federico V del Palatinado decidió disolver su ejército. El 13 de julio de 1622, el contrato fue cancelado por los ejércitos parados de Mansfeld y los holandeses alquilaron los servicios de Christian de Brunswick para ayudar a aliviar el sitio de Bergen-op-Zoom.
El ejército protestante partió de Alsacia y a paso rápido cruzando el norte de Francia, entrando en los Países Bajos Españoles a través de Henao.
En julio agosto 1622 Mansfled reagrupa los supervivientes (unos 14 000 – 15 000 hombres) protestantes en la región de Sedan con el objetivo de ponerse al servicio de los holandeses. En su marcha hacia el norte, los protestantes pasan por Aubenton, Binche, Mariemont en las Flandes españolas. El ejército español en Flandes, bajo el mando de Ambrosio Espínola, ocupó durante el sitio de Bergen-op-Zoom, una ciudad en el estuario del río Escalda, que estaba en una peligrosa situación. Mientras los refuerzos holandeses se reunían al este de Breda, se preparó para una invasión desde el sur. Estuvo en peligro de quedar atrapado entre los dos ejércitos enemigos, pues su línea de retirada hacia Amberes estaba bloqueada por el ejército alemán invasor. Gonzalo Fernández de Córdoba, comandante del ejército español en el Palatinado, fue reclamado a toda prisa para detener a este ejército. Fernández de Córdoba marchó a través de Luxemburgo y el dificultoso terreno de las Ardenas, y consiguió interceptar a Mansfeld y Brunswick en la frontera de Brabante.
El ejército protestante adelantó tropas que se enfrentaron con exploradores españoles el 27 de agosto, cerca del pueblo de Mellet. En el sur de este mismo pueblo se topan contra la vanguardia española del ejército de Córdoba y el 29 encontraron al ejército de Córdoba atrincherado. Córdoba, mucho más débil en caballería, había dispuesto un bloqueo de la posición norte de la ciudad de Mellet, cerca de Fleurus, con flancos abrigados por los bosques. Los comandantes protestantes desplegaron su ejército tratando de romper por la mitad la posición española.
En la mañana del 29 los dos ejércitos se despliegan en una llanura entre Mellet y Fleurus.

Orden de batalla
A continuación se describen los detalles del orden de batalla de ambos ejércitos.

 Ejército español
Ala izquierda
(comandante: de Sylva)
Centro
(comandante: Gonzalo Fernández de Córdoba)
Ala derecha
(comandante: Gauchier)
4 Escuadrones de caballería en dos líneas
Muchas compañías enmarcadas en 4 batallones, dispuestas en una sola línea:
1° Escuadrón
Tercio de Nápoles (16 compañías, españoles)
Tercio Balanzon (2 compañías, borgoñones)
Tercio Verdugo (15 compañías, valones)

2° Escuadrón
Regimiento Isenburg (10 compañías, alemanes del Bajo Rin)
Regimiento Emden (1 compañía, alemanes del norte)
4 compañías libres (franceses)

3° Escuadrón
Tercio de Capua (14 compañías, italianos)

4° Escuadrón
Regimiento Fugger (7 compañías, alemanes)
800 mosqueteros (en los árboles)
5 escuadrones de caballería en dos líneas.
La caballería española estaba compuesta por 53 pequeñas compañías, reunidas en escuadrones ad hoc. En estos había 29 compañías de coraceros y 24 compañías de arcabuceros. Estaban compuestos por reclutas valones y habían actuado pobremente en la batalla de Wimpfen. Por esta razón, Córdoba estaba ciertamente preocupado de los flancos de su ejército.
Por su parte, la infantería española era una mezcla de demostrada calidad: el Tercio de Nápoles era una unidad de élite con rastros en la historia desde 1567, salvo su reputación en la batalla de Wimpfen con una excelente actuación, y Córdoba la situó en el puesto de honor a la derecha, bloqueando la senda. El regimiento Fugger y el Tercio de Verdugo eran también unidades experimentadas, veteranos de la campaña en Bohemia. El resto de las unidades eran tropas de guarnición de baja calidad, movilizadas por Córdoba para completar el frente de batalla.
Ejército protestante
Ala izquierda
(comandante: Christian de Brunswick)
Centro
(comandante: Mansfeld)
Ala derecha
(comandante: Streiff)
50 compañías de caballería sobre dos líneas
26 regimientos de infantería, reunidos en 8 batallones, dispuestos en ajedrezado de doble línea
10 compañías de caballería sobre dos líneas
Según testimonios de la época, la tropa protestante partió de Alsacia con unos 25.000 hombres, pero a causa de la dura marcha y de los campesinos valones, solamente 14.000 llegarían a la batalla.
La caballería protestante era de buena calidad. Muchos de los caballeros eran miembros de la baja nobleza alemana, y la mayoría estaban pesadamente acorazados. La infantería disponía de mucho menos material, estaba pobremente equipada y había sufrido más las vicisitudes de la marcha.





A) Después de un intercambio de cañones, el Conde de Mansfeld ordena un avance general sobre las posiciones españolas.

B) En el ala derecha protestante, la caballería de Streiff carga con éxito sus oponentes españoles obligándoles a refugiarse detrás de los equipajes.

C) Con el apoyo de la infantería, Streiff carga sin éxito el escuadrón italiano de Campolattaro. Estos adoptan una posición defensiva y aguanta el ataque protestante.

D) Mientras tanto, en el ala izquierda protestante, Brunswick lanza su primera carga contra la caballería de Gaucher. Ante la resistencia de los españoles, Brunswick tiene que ordenar 2 cargas más para poner en fuga sus oponentes.

E) Continuando su movimiento, Brunswick ataca el escuadrón de infantería de Ibarra. Durante dos horas la caballería protestante intenta romper el escuadrón español, pero estos oponen una feroz resistencia apoyado por el fuego de los mosqueteros fortificado en la granja de Chassart. .

F) En el centro los ataques protestantes son más débil y no pueden romper la línea de defensa española.

G) Después de varias horas de combate, Mansfeld ordena una retirada de sus tropas cansadas. Los protestantes se retiran en orden sin ser perseguidos por las tropas españolas.

I)    Después de un breve descanso, Córdoba lanza la caballería de Gaucher ala persecución del ejército protestante. Durante la retirada, la infantería protestante pierde el contacto con su caballería. El día siguiente Gaucher encuentra la infantería protestante sola, sin protección de su caballería, en el ataque que sigue, los protestantes pierden  2 000 muertos y 2 cañones.
.

Conclusión: La batalla de Fleurus se cierra sobre un pequeña Victoria táctica de los españoles, ya que se quedan maestro del campo de batalla. Las pérdidas protestantes aumentaran espectacularmente el día siguiente con la persecución de la caballería española, Lo que quedaba de Brunswick y Mansfeld, unos 3.000 efectivos de caballería, se unió finalmente al ejército holandés en Breda después de dar un rodeo. Spinola estuvo obligado a abandonar el sitio de Bergen-op-Zoom, pero la plaza no suponía ya un riesgo, de modo que lo hizo con gusto.
Brunswick y Mansfeld sólo sirvieron tres días al ejército holandés, sus tropas revoltosas e indisciplinadas no tenían sitio en el ejército rebelde de las Provincias.Mientras tanto, el ejército del Conde de Tilly invadió fácilmente el Palatinado.


sábado, 5 de febrero de 2011

E. ROMMEL EN FRANCIA, EL CRUCE DEL MOSA

A última hora del 12 de mayo de 1940, en algún lugar al este del Mosa, no lejos de Sedan, un pensativo General der Panzertruppen Guderian revisa sus opciones. Antes, durante el día, ha tenido una tensa reunión con su superior, el Generaloberst von Kleist, jefe del Gruppe en el que se integra su XIX Armeekorps (motoriziert). Von Kleist ha ordenado que las tropas panzer de Guderian inicien el cruce del Mosa al día siguiente, a las 16:00. Guderian cree que el ataque es prematuro y así lo ha argumentado, pretendiendo retrasar el cruce. Resulta irónico que el principal valedor de la táctica acorazada del “blitzkrieg” ahora tenga dudas, pero sus divisiones panzer apenas han llegado al río, están distribuidas a lo largo de varios kilómetros de malas carreteras que cruzan las Ardenas belgas y teme no tener fuerzas suficientes para cruzar con éxito ¿Cambiar tiempo por fuerza? No es la táctica que siempre ha teorizado, pero la teoría y la práctica no siempre son lo mismo.
De todos modos von Kleist no ha dejado opciones a su subordinado, el ataque empezará a las 16:00 del 13 de mayo, en todos los programados puntos de cruce a la vez.
Por suerte Guderian no necesita tiempo para planificar el asalto. Durante los largos meses de la “sitzkrieg” se han realizados varios “kriegspiel” y hay un ejercicio a punto para la circunstancia que les ocupa.
Al día siguiente las fuerzas acorazadas asaltarán el Mosa, el único rió importante entre ellos y el mar, y el embolsamiento de medio ejército aliado.
El presente escenario se centrará en las operaciones de cruce del río por las divisiones panzer en Dinant, en Bélgica.

 
DINANT, 13 DE MAYO DE 1940.
En el sector de Dinant el cruce correrá a cargo del XV Armeekorps, bajo el mando del General der Infanterie Hoth, que tendrá bajo su mando la 5 y la 7 panzerdivisionen. Al otro lado del río tratará de oponerse al asalto la 5e DIM y la 18e DI.

A primera hora de la mañana será la 5 Pz Div la primera en intentarlo, justo al sur del pequeño pueblo de Yvoir, 3 Km. al norte de Dinant. Nada más iluminarse el valle del Mosa con las primeras luces del sol los soldados alemanes corren hacia el río con sus botes hinchables, los arrojan y se lanzan a remar con toda su furia, se juegan la vida. Ambas orillas se llenan de fuego de ametralladoras y artillería. Se unen a ello los fusiles y pronto el valle se llena de ruido. Frente a ellos el 129 RI de la 5e DIM se opone con violencia al cruce alemán. No pase mucho tiempo antes de que las bajas aumenten, y el ataque flaquea.
El Generalleutnant Max von Hartlieb, comandante de la división Panzer, se lanza hacia la orilla, desplazándose arriba y abajo, animando a sus soldados para que no cedan. Pueden y deben hacerlo, y él tiene que conseguirlo.
La mañana debe transcurrir lentísima para von Hartlieb, hasta que le llega información de que la unidad de reconocimiento de su división, el Aufklarungs Abteilung 8, mandada por el Oberst Paul Werner ha encontrado una exclusa que cruza el río, a la izquierda del ataque, apenas al norte del pueblecito de Houx, un poco más al sur. Por algún motivo el IIº Bn del 39 RI de la 18e DI no ha llegado aún al lugar, hay una brecha en la defensa, que los alemanes van a aprovechar con rapidez. En muy poco tiempo Werner ha creado una pequeña cabeza de puente con sus tres batallones.
También a primera hora de la mañana, la 7 Pz Div, la que será la división fantasma, curiosamente formado en su mayoria por carros checoslovacos T 38 y comandada por el Generalmajor (aun no era mariscal) Rommel(en la imagen anterior se puede ver a Rommel junto a uno de los Pz T38(t) que formaban su division), se lanza a tratar de cruzar el río. Su sector de ataque está más al sur, entre Houx y la ciudad de Dinant. Ante ellos se atrinchera la 18 e DI, la misma que ha dejado un hueco al norte de Houx. Sin embargo al sur de Houx la situación es distinta. Los franceses se defienden con dureza. Rommel relata como la artillería francesa ha destruido casi todos sus cañones Los alemanes se ven obligados a incendiar las casas, en la ribera este del río, para tratar de crear una cortina de humo que oculte a los siempre vulnerables soldados en sus botes de goma. A bordo de un tanque Rommel se dirige entonces a Bouvignes, donde el 7 Schützen Rgt.7, de la 7 Schützen Bde ha conseguido establecer una pequeña cabeza de puente, con una compañía. No es gran cosa pero ya es algo. Poco a poco va llegando apoyo artillero. Primero un solitario carro de combate, después dos cañones del batallón Crasemann, poco a poco cada casa y roca de la orilla oeste son sometidas a un intenso bombardeo gracias al cual más hombres consiguen cruzar el río.
Por la tarde hace acto de presencia la aviación francesa. 7 LeO 451 del 12 e Escuadrón atacan los puentes de Dinant y los convoyes de tropas que se dirigen hacia ellos. Por la noche 5 Amiot 143 del 38 Escuadrón atacan las concentraciones de tropas en las carreteras entre Marche y Dinant.
Esta operación costó una enorme cantidad de bajas a el ejército Alemán pero supuso el embolsamiento de de varias divisiones francesas y de la mayor parte del cuerpo expedicionario británico que aceleró la caída del régimen francés.

viernes, 4 de febrero de 2011

PRELUDIO DE LAS NAVAS DE TOLOSA

La victoria que los reinos cristianos consiguieron frente el imperio Almohade en 1212, fue algo más que un mero hecho de armas, fue el mayor conflicto bélico acaecido en la época y cuyas consecuencias marcaron el destino de España a favor de los reinos cristianos frenando el ímpetu expansionista del islam en Europa occidental y terminando con la expulsión de los árabes de la península bajo el mandato de los Reyes Católicos.
CONTEXTO HISTORICO

A principios del siglo XII se unificaron varias tribus bereberes en el norte de África y el Magreb bajo la influencia de una profunda renovación religiosa. Los almohades (los unitarios) defendían la unidad de la fe islámica en Alá y rechazaban el papel de los santones en la religión. Su fundador fue el autoproclamado Gran Mahdib Muhammad ibn Tumart  y bajo el mandato de Abl Al-Mumin, que se proclamó califa, se llegó a conquistar Túnez.
En 1147, los almohades dieron el salto a España, aprovechando la decadencia que llevó a la fragmentación del imperio almorávide en un gran mosaico de reinos llamados de Taifas.
Estos reinos intentaron con la ayuda de los reinos cristianos del norte, ofrecer una fuerte resistencia, pero tras una cruenta guerra los almohades se hacen con el control de toda la España musulmana, estableciendo su capital en Ysbilia (la actual Sevilla).
A pesar de su conquista, no consiguieron adherirse a la población autóctona andalusí, por la excesiva crueldad que mostraron ante sus enemigos derrotados almorávides, y por la rigurosidad en el planteamiento de la fe islámica. Esto, como veremos más tarde, queda patente en los hechos de la batalla.
La unidad política que formaron, pronto dio sus frutos en los campos de batalla, no solo frenando la expansión hacia el sur de los reinos cristianos, sino que amenazaron los territorios más ricos y que habían sido recientemente conquistados, con gran sacrificio.
Tras la secesión de el Reino de León del de Castilla y la terrible derrota que sufrió su Rey, Alfonso VIII  y su alférez Diego López II de Haro en Alarcos, cerca de la actual Ciudad Real, contra las tropas almohades  bajo el mando de  Abū Yūsuf Ya'qūb al-Mansūr (Yusuf II), Abū Yahya ibn Abi Hafs (muerto en la batalla) y Pedro Fernández de Castro "el Castellano", las fuerzas de castilla quedaron gravemente mermadas y su reino gravemente desestabilizado.
Tras la batalla de Alarcos quedo despejado el camino hasta Toledo, pero por las terribles bajas producidas en la batalla, Abū Yūsuf decidió marchar hasta Sevilla para reponer sus tropas y tomar allí el nombre de al-Mansur Billah (el victorioso por Alá) (el famoso “moro Almanzor”). Tras esto cayeron todas las fortalezas de la región en manos almohades: Malagón, Benavente, Calatrava, Caracuel, Huete, Ucle, etc.
En los dos años siguientes devastó Extremadura, el valle del Tajo, La Mancha y toda el área cercana a Toledo, marcharon contra Montánchez, Trujillo, Plasencia, Talavera, Escalona y Maqueda, pero fueron rechazadas por Pedro Fernández de Castro "el Castellano", que tras la batalla de Alarcos, pasó a servir al rey Alfonso IX de León, quien le nombró su Mayordomo mayor. Estas expediciones no aportaron más terreno para el Califato. Aunque su diplomacia obtuvo una alianza con el rey Alfonso IX de León (que estaba enfurecido con el rey castellano por no haberle esperado antes de la batalla de Alarcos) y la neutralidad de Navarra y Portugal, todos pactos temporales.
Como hecho destacado de aquella época a favor de las tropas cristianas hay que destacar que en un golpe de mano, los caballeros calatravos, recuperaron el castillo de Salvatierra, junto a Sierra Morena en (1198) en los diecisiete años en los que la zona estuvo en poder almohade quedó como una posición aislada castellana, hasta que fue tomado en 1211.
PREPARACION PARA LA BATALLA
Para el rey Alfonso VIII era una prioridad el pactar con el resto de reinos cristianos de la península, y en ello se afanó desde 1208 hasta conseguir rubricar alianzas con los reinos de Aragón y Navarra. Pero esta empresa además necesitaba del empuje de la iglesia, así que el Rey apremio al arzobispo de Toledo Rodrigo Jiménez de Rada, a que intercediera por ante el papa Inocencio III, que finalmente proclamó la cruzada en España con las consiguientes bulas e indulgencias, esto atrajo a numerosos caballeros del centro/sur de Francia,  como la intervención de los obispos de Narbona Burdeos y Nantes
Estas tropas centroeuropeas llamadas ultramontanas (de más allá de los pirineos) se unieron en Toledo a las castellanas del rey Alfonso VIII  y las Catalano-Aragonesas de Pedro II, con sus respectivos monarcas al frente. Aunque tal concentración de tropas que habían abrazado las bulas papales pronto demostraron su fe, por ejemplo, los caballeros francos pasaron a cuchillo una gran cantidad de judíos toledanos, rompiendo así la armonía y la convivencia en una ciudad donde existía una cierta tolerancia al culto religioso. Esta actitud aceleró pronto la marcha hacia el sur del ejército (antes de que se produjese una revuelta) partiendo de Toledo el 20 de junio de 1212 con unos efectivos que rondarían los 100.000hombres (50.000 Castellanos, 20.000 Catalano-Aragoneses y 30.000 franceses y otras nacionalidades).
LA MARCHA
Las tropas extranjeras formaban la vanguardia de la columna e iban al mando del famoso alférez castellano Diego López II de Haro. Tras estos formaban el Rey Pedro II  con toda la aristocracia Catalano-Aragonesa, su portaestandarte era Miguel de Luesia, tristemente fallecido un año  más tarde en la trágica batalla de Muret. Los siguientes en la columna eran las tropas castellanas y las órdenes militares (Temple, San Juan, Calatrava, Santiago…). Y por último las tropas reclutadas por los concejos mandadas por Gonzalo Rodríguez Girón.
 Se trataba, pues, de un ejército de grandes dimensiones para la época, teniendo en cuenta que en la batalla de Arsuf (1191) que enfrentó a los famosos dirigentes, Ricardo Corazón de León y Saladino , cada bando no contaba en su totalidad de más de 60.000 hombres, es decir, que la suma de todas las tropas al mando de Alfonso VIII rondarían la totalidad de los efectivos que participaron por parte de los dos bandos en la batalla de Arsuf, y la suma total de las caballerías contendientes no llegaban a los 18.000 jinetes, mientras que Alfonso tras la marcha de los caballeros francos contaba aun con unos 15.000 jinetes.
El primer acto de armas se produjo con la toma de la fortaleza de Malagón, cuya guarnición fue pasada completamente a cuchillo por los ultramontanos después de su rendición, desarmada y tras haber pactado su retirada sin represalias.
Dos días más tarde llega al lugar Alfonso VIII y enterado de los actos de los cruzados queda muy disgustado.
Tras este deleznable acto, las tropas cristianas continuaron su avance por el cauce del rio Guadiana, pero los musulmanes habían sembrado el lecho del rio con abrojos(pequeños pinchos metálicos de cuatro puntas diseñados de forma que al arrojarlos al suelo siempre queda una de las puntas hacia arriba) causando heridas a las caballerías.
El día 1 de julio pusieron sitio a la importante ciudad de Calatrava defendida por un afamado y querido caudillo andalusí llamado Abén Cadis, al que se le perdonó la vida junto con sus tropas y las gentes de la ciudad, tras la rendición de la plaza.
Realmente los dirigentes castellanos pretendían no desgastar sus tropas en combates menores y así llegar con el máximo de tropas frescas y efectivas al gran combate que se avecinaba.
Pero este acto que parecía carecer de importancia tuvo dos efectos importantes en el trascurso de los acontecimientos venideros.
1-      Días mas tarde el Califa ordenó la decapitación del dirigente, por haberse rendido, entregando así intacta, tan importante plaza al enemigo, esto caló hondo y generó un gran malestar entre las ya descontentas tropas andalusíes que estaban siendo reclutadas para el combate por sus dirigentes almohades.
2-      Después de no permitir a las tropas ultramontanas, sedientas de sangre y de riquezas masacrar a toda la población, estas optaron por marcharse, abandonando así el ejército y causando robos masacres y tropelías a su paso de regreso a Francia. Solo el obispo de Narbona y 150 de estos caballeros siguieron en las filas bajo las órdenes del Rey de Castilla.
Tras esta “pérdida” las tropas cristianas habían quedado muy mermadas aunque para paliar esta situación se unieron a la columna las tropas navarras Con su rey Sancho a la cabeza en la famosa villa de Alarcos, con unos 8.000 efectivos.
Esto hacia oscilar las tropas de las fuerzas cristianas en unos 15.000 jinetes y 65.000 infantes
Hay que reseñar que ni el rey de León, en clara pugna con el castellano, y que aprovechó la coyuntura para tomar algunas plazas castellanas e intentar conquistar Portugal, ni el rey de Portugal, ocupado en la defensa de su país, aportaron tropas a la gloriosa jornada que se avecinaba.
Así pues, tras tomar el puerto de montaña de Muradal unos 80.000 hombres hicieron noche  en las estribaciones de Sierra Morena desde donde contemplaban crepitar los fuegos del campamento árabe situado al otro lado del desfiladero de la Losa
El ejercito almohade estaba comandado por el hijo del cuarto califa, Al-Nassir Mohammad ben Yussuf (el famoso Miramamolín). Su centro de abastecimiento estaba establecido en la actual Baeza. Sus fuerzas estaban compuestas por siete tribus del alto Atlas las tropas autóctonas andalusíes y voluntarios de todo el mundo musulmán atraídos por el grito de “Guerra Santa”.
Cabe destacar entre las filas almohades dos unidades.
La caballería Azgag, fieros jinetes reclutados en Egipto, en principio para combatir a los almorávides, y armados con un arco compuesto y con la habilidad de disparar en todas direcciones con una efectividad mortal, su destreza con la espada no era desdeñable, y tras agotar al enemigo con flechas y amagos constantes de cargas, podían realizar una carga en el momento más crucial para así acabar con sus enemigos.
Y la guardia negra, unos fanáticos dispuestos a dejar su vida defendiendo su posición, y por si esto no pudiera ser así se enterraban en una pequeña trinchera hasta la altura de las rodillas y se unían unos a otros encadenándose entre ellos, así solo les quedaba una opción, vencer o morir.
En total los efectivos musulmanes se calculan en unos 120.000 hombres, aunque algunos historiadores (cristianos claro) lo cifran hasta en 400.000 hombres.
MOVIMIENTOS PREVIOS A LA BATALLA
Miramamolín  se regocijo al ser informado del abandono del ejército cristiano por parte de las tropas extranjeras. Así que conociendo las vicisitudes de las tropas cristianas para abastecerse pues su centro de avituallamiento lo tenían nada menos que en Toledo, los rigores del clima y del terreno, decidió cerrar los pasos de montaña con escuadrones de caballería , a sabiendas que el factor tiempo jugaba a su favor.
Alfonso VIII sabia que intentar forzar uno de esos estrechos desfiladeros de Sierra Morena, flanqueados de tropas enemigas que los atosigarían con saetas desde todas partes, haciendo blanco en sus tropas hacinadas en estrechos caminos, era rubricar la derrota segura. Pero la lejanía de sus centros de abastecimiento, ya hacia meya en sus tropas.
Cuando ya todo parecía perdido y no quedaba más que conformarse con una victoria parcial ante las fuerzas almohades, el noble catalán llamado Dalmau de Craixell conoció un pastor llamado Martin Halaja, que le mostro un paso no vigilado que les conduciría al otro lado de la garganta, a los altiplanos de la sierra, y se ofreció a guiar a todo el ejercito cristiano.
A este pobre pastor le robó todo el merito la mitología cristiana, haciéndolo pasar por San Isidro labrador.
Cuando la caballería árabe se percató del movimiento, intento cerrarles el paso, pero las tropas cristianas ya estaban firmemente afianzadas en terreno llano.
El 14 de julio todo el ejército cristiano había cruzado el “secreto desfiladero” (pues este no era nada más y nada menos que una calzada romana) y se colocaba en formación de batalla, aunque por el cansancio de la larga marcha, por senderos de montaña a marchas forzadas, se decidió esperar.
El día 15 de julio las tropas árabes se presentaron en formación de batalla en la llanura conocida como Las Navas de Tolosa para provocar al ejército cristiano que aun se recuperaba de la larga caminata, pero estos no cayeron en la trampa y decidieron aprovechar la ocasión que les habían dado sus enemigos para estudiar sus tropas y sus formaciones.

Al dia siguiente medirian sus fuerzas.